La semana laboral de 4 horas

La semana laboral de 4 horasResumen
Timothy Ferris es un “nuevo rico”. Los nuevos ricos no se caracterizan por tener muchísimo dinero, sino por tener mucho tiempo para hacer las actividades que le gustan pudiendo viajar a todos los sitios que quiera.

En este libro, Timothy Ferris explica cuáles son los pasos a seguir para poder ser un nuevo rico, mezclado con su experiencia y las decisiones que le han hecho llegar a serlo, como las siguientes:

  • Delegar todas las tareas que no te interesan. Hay asistentes virtuales en otros países (India, …) que por poco dinero hacen cosas por ti, claro cosas que se puedan hacer por internet o teléfono
  • Concentrar, organizar tus tareas del trabajo para reducir tu dedicación a ellas en más de un 50%
  • Viajar por el mundo sin abandonar el trabajo
  • Tener minijubilaciones todos los años en lugar de estar trabajando toda tu vida hasta que llegue tu jubilación
  • Teletrabajar, tienes que convencer a tu jefe de que es lo más productivo y lo mejor para tu trabajo
  • Crear empresas que puedan generar dinero casi sin dedicación
  • Cultivar la ignorancia selectiva y tener más tiempo con una dieta de información
  • Conseguir descuentos en casas/transportes en los viajes al extranjero
  • Encontrar formas de dar un sentido a tu vida, después de abandonar tu hogar y tu “oficina”

Crítica
Este libro no te va a convertir en lo que expresa en su portada, y no te va a dar las claves para hacerte rico, pero es un libro ameno, con experiencias interesantes y divertidas, y que te puede hacer reflexionar sobre determinados aspectos de nuestras vidas.

El trabajar para vivir en lugar de vivir para trabajar debería ser una de nuestras metas, y el dar más importancia al SER que al TENER, pero no siempre es así. Este libro te puede ayudar a reflexionar sobre esto, y te puede dar algunas ideas de cómo poder llevar una vida menos convencional. Claro, debes tener pocas ataduras o ser muy atrevido para tomar estas decisiones, pero quizá sea el camino correcto a seguir, lo que está claro es que al final nuestro tiempo es finito, y es lo que deberíamos cuidar con más mimo.

Cita
Un hombre de negocios estadounidense se fue de vacaciones a un pueblecito costero de México, obedeciendo órdenes de su médico.
Como no podía dormir tras recibir una llamada urgente de la oficina la primera mañana, fue dando un paseo hasta el muelle para tomar el aire. Una pequeña barca con un único pescador acababa de atracar. Dentro había varios atunes de aleta amarilla de gran tamaño. El estadounidense felicitó al mexicano por la calidad de su pescado.
– ¿Cuánto ha tardado en cogerlos? – preguntó.
– Solo un ratito – contestó el mexicano en un inglés sorprendentemente fluido.
– ¿Por qué no se queda más tiempo y pesca más? – siguió el estadounidense.
– Tengo suficiente para mantener a mi familia y dar algunos a amigos – dijo el mexicano mientras los pasaba a una cesta.
– Pero… ¿qué hace el resto del tiempo?
El mexicano le miró y sonrió.
– Me levanto tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, me echo la siesta con mi mujer, Julia, y voy al pueblo todas las noches dando un paseo, donde bebo vino y toco la guitarra con mis amigos. Tengo una vida plena y ocupada, señor.
El estadounidense se rió alzándose cuan alto era.
– Señor, soy licenciado en administración de empresas por Harvard y puedo ayudarle. Debería pasar más tiempo pescando y, con las ganancias, comprar una barca más grande. En poco tiempo, podría comprarse varias barcas al ser mayor la redada. Con el tiempo tendría una flota de barcos de pesca. En lugar de vender lo que faene a un intermediario, lo vendería directamente al consumidor, hasta abrir su propia enlatadora. Entonces tanto la adquisición del producto como el procesamiento y la distribución estarían en sus manos.
>> Tendría que marcharse de esta pequeña aldea costera de pescadores, claro, y mudarse a Ciudad de México, luego a Los Ángeles y más tarde a Nueva York, desde donde dirigiría su empresa en expansión con un equipo directivo en condiciones.
El pescador mexicano le preguntó:
– Pero señor, ¿cuánto tiempo llevará todo eso?
A lo que el estadounidense respondió:
– Quince o 20 años. Como mucho 25.
– ¿Pero luego qué, señor?
El estadounidense se rió y le dijo:
– Eso es lo mejor. Cuando llegue el momento, anunciaría su salida a bolsa y vendería sus acciones al público, haciéndose muy rico. Ganaría millones.
– ¿Millones, señor? ¿Y luego qué?
– Luego se jubilaría y se mudaría aun pequeño pueblecito costero, donde se levantaría tarde, pescaría un poco, jugaría con sus hijos, se echaría la siesta con su mujer, Julia, e iría al pueblo todas las noches dando un paseo, para beber vino y tocar la guitarra con sus amigos…